Osiris, Zeus, Yahvé, Quetzalcóatl, Alá, Odín, Shiva, Google. El intruso es hoy fácilmente identificable. En un par de décadas, tal vez no lo sea. Al menos eso argumenta el historiador Yuval Noah Harari, catapultado a la fama por Sapiens, su ambiciosa historia del ser humano. Durante siglos, los dioses fueron la principal fuente de autoridad de las civilizaciones humanas. Legitimaban el poder de caciques, reyes y emperadores, validaban las conductas sociales, sexuales y alimenticias y enviaban algún diluvio o terremoto a quién los desafiase. La revolución humanista, desde el Renacimiento a la Ilustración, convirtió al ser humano en regidor de su destino y moralidad. En su último libro, Homo Deus: Breve historia del mañana (recientemente publicado por DEBATE en España), Harari anticipa la emergencia de un nuevo credo post-humanista: el dataísmo. En su forma más cruda, el dataísmo defiende que el universo se reduce a un incesante flujo de datos, y que «el valor de cualquier fenómeno o e...